Publicado en ABC
Domingo 17 de enero de 2010
Uno de los temas que más comentarios ha traído consigo el gran debate global sobre las causas y efectos de la "Gran Crisis del 2009", es la retribución y los sistemas de remuneración de Altos Directivos, Consejeros, así como de Analistas y Asesores de Inversiones.
El tema ha adquirido tal importancia que se está produciendo toda una corriente mundial de reformas, recomendaciones, y modificaciones en los códigos de buen gobierno orientada a que exista una cierta correlación lógico-económica o de creación de valor para los stakeholders entre los sistemas de remuneración y los resultados de las compañías.
Por otro lado, sobre todo en el mundo anglosajón, muchos de los bancos o instituciones en cuya ayuda acudieron sus respectivos gobiernos, parecen ávidos de devolver o anticipar el pago de las mismas, con el propósito de retornar a prácticas retributivas “libres” o no sujetas al sentido común.
Nos enfrentamos a un grave riesgo consistente en confundir causas y efectos.
Después de más de quince años dirigiendo la filial ibérica de la empresa líder de retribución de ejecutivos en el mundo, puedo asegurar que los sistemas retributivos diseñados por empresas especializadas y aprobados por los Consejos y en algunos casos por las Juntas Generales de Grandes Corporaciones ni se regían por la codicia, ni estaban desvinculados de la creación de valor al accionista. Ni los sistemas retributivos son culpables, ni los ejecutivos que los percibieron tampoco.
La crisis económica -de la que parece que estamos saliendo con alfileres a nivel global- no trae su causa en la codicia de los ejecutivos, sino más bien en un entorno lleno de resquicios y de valores que permitieron enfoques de negocio especulativos, cortoplacistas, sin activos subyacentes y carentes de gestión prudente de los riesgos.
En España, a propósito de todo ello, la propuesta de actualización del Código Unificado de la Comisión Nacional del Mercado de Valores se plantea que al menos uno de los miembros de la Comisión de Retribuciones tenga experiencia en dichas políticas.
Parece que la CNMV considera que el disponer de un experto en el Consejo en materia de retribuciones puede ser un seguro frente a los desmanes y al mismo tiempo, asegurar que las políticas sean correctas, técnicamente sustentadas y presentables desde la ortodoxia.
Creo que otra vez, volvemos a caer en el error. El problema de los excesos en materia retributiva no se soluciona con expertos. Casi todos los Consejos de Administración de empresas cotizadas, tanto en España como en el resto del mundo, han utilizado siempre los servicios de las cuatro o cinco conocidas multinacionales en la materia -por cierto todas ellas norteamericanas- para fundamentar y justificar sus políticas, tanto cuantitativa como cualitativamente.
Ya desde los años 70, firmas con Watson Wyatt, Hewitt, Hay Group, Towers-Perrin, etc vienen asesorando y publicando sesudos estudios anuales a nivel local y global que recogían las prácticas de mercados de retribución fija, retribución variable, stock options, bonos, retribución flexible, acciones fantasma, etc cuya evolución en los últimos años ha sido menos sofisticada que la de los productos financieros, la contabilidad creativa y la creación de instrumentos para pagar menos impuestos.
No quiero decir con esto, que no resulte una mejora el que los Consejeros Independientes sean expertos en la materia en la que tengan que aconsejar, no sólo en retribuciones, sino en cualesquiera otros de los temas clave que haya de acometer un Consejo o una de sus Comisiones. Es más, sería preferible la "independencia efectiva" que el “expertise”.
Los sistemas retributivos no tienen que ser ni un elemento complejo, ni sofisticado, ni opaco. La retribución está inventada y hay poco que innovar. Se debe pagar por lo que "se hace", por lo que "se es" y por lo que "se consigue". Lo que se hace es el puesto -su contenido- lo que se es, es el cargo -el status, la responsabilidad- y lo que se consigue es un resultado, que en el caso de las empresas cotizadas compete definir a su Consejo de Administración o a su Junta General de Accionistas.
Por tanto, no nos llevemos a engaño. Las retribuciones desmesuradas o no, que tanto nos han escandalizado en los últimos meses y que tan poco nos escandalizaban en “las vacas gordas“, las han aprobado los accionistas, directamente en Junta General o a través de sus Consejos.
Se trata por tanto, volviendo al inicio, de no confundir causas con efectos. Las políticas retributivas que se han aprobado en muchas empresas eran una mezcla de desmesura, desvinculación a resultados, opacidad, y cortoplacismo directamente proporcionales a los valores y comportamientos prevalentes en los últimos quince años.
Me reitero por tanto en el hecho de que, si bien puede resultar conveniente, necesario y hasta sano incluir un experto en los Consejos, más sano, relevante y recomendable es el asegurar que las retribuciones sean individualizadas, transparentes, sujetas al escrutinio público, vinculadas a resultados de corto, medio y largo plazo, que se devuelvan si son abusivas o fraudulentas, que se aprueben por las Juntas Generales de Accionistas, y que se desglosen.
Si los principios y reglas citados se cumplen, si bien harán falta expertos, la solución y el evitar recaídas o enfermedades como la que hemos sufrido no dependerá de ellos sino más bien de la transparencia y la sostenibilidad de los modelos de negocio