Publicado en ABC
Domingo, 27 de septiembre de 2009
Es un hecho compartido por todos los observadores y analistas, que la CONFIANZA es hoy el indicador subjetivo que tiene que mejorar sustancialmente para salir del profundo abismo en que se haya inmersa la economía global, como consecuencia de los excesos del apalancamiento y sofisticación fraudulenta de la economía financiera.
La rápida e inteligente actuación de Barack Obama y la puesta en circulación de cantidades ingentes de dinero, para rescatar a bancos y aseguradoras americanos, están produciendo esperanzadores atisbos de mejora de la confianza.
Si bien es cierto que en Europa en general y en España en particular iremos a la zaga de USA y no tocaremos fondo hasta que no se ajuste el precio de los activos a su valor real, no es menos cierto que simultáneamente a la lucha por salir de la recesión, se deben poner en marcha políticas y medidas estructurales que eviten que se repita. O por lo menos, que cuando tengamos una segunda crisis global, no sea por las mismas causas.
Creo sinceramente que en el origen de esta recesión, sin precedentes, se encuentra el cortoplacismo en la métrica de resultados, el fracaso de las escuelas de Management de corte anglosajón, y del gobierno corporativo de instituciones y empresas.
Intentando buscar un término o concepto que sintetice el rasgo fundamental que debiera caracterizar el comportamiento de líderes, banqueros, empresarios y ejecutivos del futuro, me quedo con el de SOSTENIBILIDAD.
La sostenibilidad, concepto más bien ligado al medio y largo plazo, debe convertirse en el freno del cortoplacismo imperante hasta hace poco y en un criterio relevante para medir la calidad de la gestión y los resultados.
Todo el mundo parece aceptar el término sostenible en lo referente al medioambiente y la relación del hombre con la naturaleza. Sin embargo, debe aplicarse fundamentalmente al capitalismo. De manera tal, que la sostenibilidad como principio, asignatura, regla de conducta y métrica de resultados, sea exigible a todos.
En un mundo y una economía globalizada, interconectada, y cada vez más integrada, la interdependencia es tan creciente y relevante que debemos construir un nuevo paradigma de convivencia que pivote sobre la sostenibilidad traducida en reglas de conducta y en criterios básicos de escrutinio de los mercados.
Para comenzar a construir un modelo diferente que nos aleje de los vicios y errores que están en la base de esta crisis, me permito sugerir la puesta en marcha de un decálogo, que no he inventado, sino que es más bien un intento de síntesis de los factores que se están perfilando como clave para transitar de la economía sin reglas globales a una economía con calidad humana. A saber:
- La innovación debe convertirse en el eje del crecimiento económico vs. la especulación financiera disfrazada de innovación
- Los bancos deben volver al aburrido oficio de tomar y prestar dinero, con prudencia.
- Los incentivos y salarios de los ejecutivos y altos directivos deben regirse por criterios de creación de valor para todos los stakeholders.
- Los pequeños accionistas y ahorradores deben tener más poder, participación y peso en las sociedades anónimas cotizadas y en los instrumentos financieros de inversión colectiva.
- La regulación global se hace necesaria y las penas para delitos económicos de nuevo cuño deben ser ejemplares y cumplirse.
- La transparencia debe ser exigible siempre, con el único límite del respeto a la intimidad de las personas.
- Las escuelas de negocios deben poner más énfasis en la asignatura de liderazgo sostenible y empresa socialmente responsable, que en las finanzas creativas.
- La escuela, la universidad y la empresa deben conectarse y coordinarse para devolver a la juventud los valores de sacrificio, emprendizaje responsable y cooperación, frente al individualismo, el éxito rápido y el pelotazo.
- La ciudadanía debe ser permanentemente formada en técnicas de consumo responsable y ejercicio de sus derechos como consumidores
- Por último, debemos evitar el efecto pendular y seguir apostando por el mercado y la búsqueda del beneficio…..pero sin pasarnos.
Se trata de aprender de los errores y de que la próxima crisis, que ojala sea después de otros veinte años de bonanza, se produzca por causas hoy inimaginables.