Publicado en la Revista de APD de septiembre 2007
Dirigir es cada vez más difícil y complejo. Requiere cada vez de mayores dosis de capacidades de gerencia, innovación y transformación.
Hemos entrado de lleno en un entorno de competencia en el que la globalización, la tecnología y el cliente introducen cambios acelerados en el entorno muchas veces imprevisibles. De ahí que haya que estar preparados para todo.
La preparación que requiere en nuestros días el líder o primer ejecutivo de una empresa y su equipo supera con creces las habilidades clásicas de conocimientos técnicos, funcionales, de producto, de mercado y de dirección de persona. Todo lo anterior, como el valor en la mili, se supone. Son las asignaturas clásicas del arte de dirigir y el programa habitual de las escuelas de negocios.
Las nuevas asignaturas están más relacionadas con la comprensión del entorno para innovar, el liderazgo transformador para anticiparse y adaptarse a los cambios y la gerencia científica para acertar con precisión, eficiencia y velocidad las decisiones.
Lo difícil no es saber y dominar cada asignatura por separado, si no las tres a la vez. Y no es fácil. No es fácil porque tradicionalmente unos innovan, otros miden y transforman.
Hoy no nos podemos permitir el lujo de fallar en ninguna de las tres cosas. O dicho de otro modo, se nos exige un ejercicio de funanbulismo, manejar simultáneamente e incorporar a nuestras organizaciones dosis crecientes y simultáneas de capacidad de innovación desde el mercado / cliente, dirigir con eficiencia y vencer la resistencia al cambio y la autocomplacencia.
El arte de dirigir ya no consiste pues en saber mandar, conocer el negocio y tener un buen producto, bien distribuido con clientes satisfechos. Puede ser flor de un día y desaparecer sin darnos cuenta.
En un mundo dominado por cliente infieles y cada vez más formados y con más oferta, por avances tecnológicos que permiten hacer cada vez más con menos y una revolución permanente en las costumbre y hábitos de consumo, solo sobrevivirán aquellas organizaciones que incorporen desde el primer ejecutivo y su equipo de dirección la metodología TIG, esto es, Transformación, Innovación y Gerencia.
Además el tema se complica por cuanto la innovación debe ser una característica organizacional propiciada por la alta dirección, la transformación veloz solo se produce desde un liderazgo transparente y coherente y la métrica y el control así como la eficiencia pueden parecer incompatibles con lo anterior.
Conciliar, orquestar e implantar las nuevas habilidades del arte de dirigir se aprende, se enseña y se mejora con la práctica. No se nace con ello, pero se puede “morir pronto” si no se desarrollan e impregnan nuestro quehacer cotidiano.