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El poder de equipo

 Publicado en:

Revista APD - Diciembre 2006

Diario de Navarra - 17 de septiembre 2006

 

El oro en el mundial de Baloncesto de la selección española, vivido con inusitada expectación por la opinión pública y celebrado como merecen los logros extraordinarios, además de alegrarnos la vida cotidiana, nos brinda una magnífica oportunidad para reflexionar sobre temas tan relevantes, como, ¿qué es lo que determina que se cumplan los sueños de un equipo, o que las estrategias se implanten en entornos competitivos?

 

El equipo de baloncesto español no es, ni el más alto, ni el que tiene mejores individualidades, ni el más rico, ni el que tenía el entrenador más laureado, ni ninguna característica convencional que explique su éxito.

 

El equipo norteamericano está plagado de estrellas de la NBA, el Servio de más altura, y con seguridad todos los entrenadores disponían de sesudas estrategias y tácticas “de pizarra”.

 

El equipo español simplemente fue eso, el mejor equipo, el más cohesionado, el más entusiasta, en definitiva el que  demostró una mayor calidad de ejecución estratégica colectivamente hablando.

 

El equipo español se divertía, todos los jugadores demostraron un alto compromiso con el proyecto ganador, practicaron la autocrítica y dispuso de un liderazgo aglutinador, coherente y ejemplar en torno no sólo a Gasol, si no también al capitán (Jiménez) y al entrenador Pepu Hernández.

 

Todos los que tuvimos ocasión de disfrutar su juego y sus celebraciones  pudimos comprobar que  más que un grupo de profesionales, el conjunto español era una piña, con rituales y canciones propias, sin  fisuras, con relevos, sin envidias, ni afán de protagonismo y sobre todo con  la pasión y la auto-confianza del ganador.

 

Cada uno de nosotros pertenecemos o trabajamos para organizaciones que “compiten en su propia liga” o entorno de alta competencia y para jugar diseñamos estrategias más o menos ambiciosas que buscan señalarnos como competir mejor para ganar satisfaciendo a accionistas, clientes, empleados y cada vez más a la sociedad, que emerge como árbitro supremo.

 

En el entorno actual es cada vez más evidente que lo que  marca la diferencia no es la mejor estrategia, si no la que mejor se implanta. Las diferencias estratégicas, en casi todos los sectores, son cada vez menores y los modelos de negocio se copian, imitan y mejoran a velocidades de vértigo. Lo que marca la diferencia no es la partitura, es su ejecución. La calidad en la ejecución o implantación de la  estrategia, a través de intangibles de gestión tales como la cultura de empresa, la velocidad, la cooperación, conocer al cliente, e innovar en los cómos, es la clave para competir.

 

Sólo las “orquestas” con buenos músicos y directores tienen éxito de público y taquilla. Reflexionemos sobre ello, inspirémonos en ejemplos vividos como e l oro en baloncesto y actuemos en consecuencia.

 

No es fácil, pero vale la pena.

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