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El Líder del 2006

Abril 2006

 

No creo equivocarme si afirmo que, el tema más recurrentemente tratado por los expertos en la Teoría de la Dirección de Empresas en los últimos 30 años, es el liderazgo.

 

Si entramos en Internet, por cualquier buscador que se precie y tecleamos “liderazgo” nos encontraremos con centenares de referencias de libros y estudios y miles de artículos que tratan el tema desde múltiples puntos de vista.

 

El liderazgo se ha convertido en la cualidad más escasa y controvertida de nuestros días y afecta a todos los campos de la convivencia, desde la política, pasando por la educación, las artes y la empresa.

 

Ahora bien, cabe preguntarse cuales son las características del líder del lustro que comenzamos, para conseguir innovar y crecer con rentabilidad en la empresa. 

 

Estamos inmersos en una era intensiva en complejidad, en la que la información es un commodity, y según la ley de Moore el conocimiento se multiplica exponencialmente.

 

Por otro lado, las empresas necesitan orquestar todo el talento e inteligencia disponible para ponerla al servicio de proyectos de cliente, que requieren altas capacidades de innovación, compromiso y cooperación.

 

El liderazgo carismático, visionario y movilizador ya no es suficiente, pues si bien consigue fijar el norte y que la gente se oriente en la misma dirección, no ha conseguido que los trabajadores del conocimiento se comprometan y den lo mejor de si mismos.

 

El reto actual del líder o del directivo es conseguir conformar equipos de alto rendimiento que pongan, por delante de sus legítimas ambiciones personales, los objetivos del proyecto en el que estén inmersos.

 

Que se atrevan a innovar, asumir riesgos y que hagan de la cooperación trabajar en red y asumir responsabilidades, los atributos clave de la implantación estratégica. En definitiva, que trabajen para el cliente y no para el jefe.

Abril 2006

También, los líderes del 2006 han de ser capaces de conseguir que los equipos desaprendan hábitos relacionados con el mundo de la calidad intrínseca, propios de la era del producto de la que venimos y se adentren, sin complejos, en el mundo de la calidad percibida, propia de la era del cliente en la que estamos cada vez más inmersos y cuya complejidad y retos son todavía desconocidos.

 

Por último, el líder del 2006 debe centrarse también en generar nuevos directivos, que no expertos, para asegurar el relevo en las capacidades de innovar y transformar, en un mundo en el que la velocidad y las sinergias separarán a las empresas ganadoras de las perdedoras.

 

Pues bien, para hacer frente a los retos citados, que son los realmente relevantes para implantar estrategias ganadoras con acierto y sostenibilidad y en definitiva para que las cosas ocurran, se necesitan LIDERES de nuevo cuño, que se centren en desarrollar 10 atributos que deben ser practicados con coherencia, a saber:

-        Integridad: Saber prometer para poder cumplir.

-        Escuchar a los clientes y a los empleados.

-        Comunicar la estrategia con empatía, esto es desde gana-gana.

-        Delegar responsabilidades, fomentando la asunción de riegos y tolerando el error.

-        Exigir el cumplimiento de resultados.

-        Fomentar la cooperación.

-        Poner al cliente en el centro de las decisiones.

-        Promover el alto rendimiento y practicar la discriminación positiva.

-        Imprimir velocidad a la implantación de la estrategia, conectando los objetivos de área con los de empresa.

-        Fomentar el “desaprendizaje” para poder aprender e innovar más rápidamente que la competencia.

 

Estos 10 atributos de liderazgo del 2006 ó del líder del futuro son la síntesis de mi experiencia, después de más de 20 años trabajando con equipos de alta Dirección en empresas españolas, europeas y americanas. También tienen que ver con mi propio aprendizaje personal como directivo y puedo asegurar, sin miedo a equivocarme, que si bien su práctica no es sencilla, por cuanto requiere dedicar a los demás más tiempo del que normalmente dedicamos, no falla. A fin de cuentas, cuando nos preguntamos de que jefe o líder nos acordamos más y mejor, desde nuestra propia experiencia, seguro que coincidiríamos con muchas de las características del decálogo expuesto.

 

Si es bueno para nosotros, porque no para los demás. Practiquemos el liderazgo empático, transformador y exigente, forzando la cooperación y seguro que nuestros equipos lo agradecerán y los resultados vendrán

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